
La leyenda de “El choco”, es muy popular entre los ancianos del estado de Morelos, quienes cuentan que tiempos de la Revolución Mexicana, cuando la hacienda Coahuixtla era próspera, nació el hijo del diablo.
Morelos es un estado de a República Mexicana que fue cuna de la lucha por la independencia y de la guerra revolucionaria, en sus municipios abundan las historias, que se han pasado de generación en generación, una de las mas contadas, es la leyenda de “El Choco” o también conocido como el hijo del diablo.
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Según las narraciones de los habitantes del poblado de Coahuixtla, Morelos, esto es lo que habría sucedido y que dio inicio a la leyenda que se cuentan hasta nuestro días.
La leyenda de “El Choco”

El trapiche o hacienda de Coahuixtla fue un lugar muy próspero en la región, la siembra de caña y de arroz típica de la región daba muchas fuentes de empleo a los pobladores, los hacendados quienes eran muy adinerados prestaban tierras para vivir a sus empleados, a cambio del cultivo en las tierras.
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Una joven trabajadora de la hacienda, quien era muy bella y agraciada se convirtió en la envidia de muchas y en el sueño de varios, aunque ella siempre se negaba a los pretenciosos.
Su cabello oscuro caía a media espalda, era delgada y tenía una tez morena típica de la región, unos ojos brillantes y enormes.
Solía salir a lavar y a bañarse en el río, una tarde mientras estaba en las aguas semi desnuda, un extraño hombre montado en un bellísimo caballo negro la vio, se bajó del caballo y se acercó al río y le dijo que le permitiera llevarla a la hacienda.

La chica se negó rotundamente, mientras le daba la espalda, el hombre le tocó el hombro y la hizo mirarlo a los ojos, fue cuando ella perdió la voluntad y terminó aceptando que la trepara al corcel y se la llevara.
La dejó en las puertas de la hacienda, y le dijo que pronto volvería por ella para enamorarla.
El origen de la leyenda
Por las tardes casi al caer la noche se escuchaba el relinchar del caballo, y la muchacha salía para verlo a escondidas, no tardaron mucho en entregarse a la lujuria, y en una de esas ocasiones la mujer quedó embarazada.
El día en que se dio cuenta esperó con ansias al forastero para contarle la noticia, pero no volvió a saber de él.

El tiempo pasó, los meses se cumplieron y sin saber de aquel hombre que la había enamorado, su hijo nació.
Desde los primeros momentos se le notaba algo extraño, era un bebé muy hábil y despierto, ella sufrió la discriminación por haberse embarazado sin casarse, así que pocas personas le hablaban en la hacienda.
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Cuando el niño cumplió seis meses, ella comenzó a buscar madrina para bautizarlo, pero ninguna de las que fueron sus amigas quiso hacerle el favor. Ya que era fruto del pecado ese hijo sin padre, según decían las habladurías del pueblo. Así que decidió ir a un poblado cercano para visitar a una prima y rogarle que amadrinara al niño.

La prima aceptó y se preparó para llevarlo a bautizar; tenía al niño en brazos, le hablaba y dulcemente le decía que pronto iba a ser hijo de Dios, en ese momento el niño se puso muy inquieto, pero justo en el momento que iban a cruzar el río el pequeño dijo sonriendo:
“Mira madrina puedo hablar, ya tengo dientes, y te voy a matar”, algo imposible en un niño de seis meses; mientras hablaba con voz tenebrosa mostró unos colmillos que parecían de perro.
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Posteriormente, el engendro se levantó y riendo a carcajadas le mordió el cuello, la madrina no tuvo más remedio que soltarlo, el monstruo saltó al río y aunque aseguran que cayó en las piedras, murió y fue arrastrado por el río; nunca encontraron ningún rastro de él.

ÉL, era hijo del Diablo, por eso no quiso ser bautizado, desde entonces El Choco ronda las ruinas de la hacienda y las orillas del río, en donde juega con huesos y ríe de manera estremecedora.
Cuentan también que por los caminos rurales se escucha el llanto de un bebé. Y a lo lejos el galopar de un caballo y un relinchido macabro del diablo buscando a su vástago.

