Leyendas mexicanas de terror: El callejón del Beso

leyenda del callejón del beso

La leyenda del Callejón del Beso en Guanajuato.-Foto de internet
Los enamorados que lo visiten deben de darse un beso en el tercer escalón para tener buena suerte.-Foto de internet
Esta leyenda habla sobre Luis y Carmen, su historia de amor tiene un trágico final.-Foto de internet
La leyenda del Callejón del Beso en Guanajuato.-Foto de internet
Entre ambos balcones solo hay 68 centímetros de distancia.-Foto de internet
Entre ambos balcones solo hay 68 centímetros de distancia.-Foto de internet

El Callejón del Beso, ubicado en Guanajuato, es actualmente uno de los sitios turísticos más emblemáticos y visitados de nuestro país. Los enamorados, y hasta los que no lo están, cada que visitan este Estado, saben que es una de las visitas obligadas, no sólo por la belleza del lugar sino por la historia detrás de él. En esta ocasión para continuar con el especial «leyendas de terror mexicanas» te contamos el origen de la leyenda del Callejón del Beso.

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El Callejón del Beso, el amor y la tragedia en un mismo lugar

Hoy en día, lo primero que te dicen si vas de visita a Guanajuato con tu pareja, es que dentro de las tantas calles de ese hermoso lugar, hay un rincón llamado «El Callejón del Beso» en el que todas las parejas, por tradición, deben de darse un beso de amor verdadero en el tercer escalón, pues así tendrán siete años de buena suerte, de lo contrario y si se rehúsan a besarse, ese mismo tiempo se convertirá en mala suerte.

Esta superstición no sólo se dice porque sí, sino porque detrás de ella hay una romántica historia que nació entre dos balcones del famoso lugar y cuya distancia entre paredes es de tan solo 68 centímetros.

Los protagonistas de esta ocasión se llaman Luis y Carmen. Ella era una joven adinerada que vivía con su estricto y malvado padre y con Brígida, una dama de compañía. Carmen estaba aislada y alejada de la sociedad, pues su papá no quería que se enamorara de alguien que no fuera de su clase y tenía otros planes para su hija.

Sin embargo y de manera inesperada, Luis, un humilde minero, llegó a la vida de Carmen y desde que se vieron fue amor a primera vista. Ambos acordaron verse todas las tardes en una iglesia cercana a la casa de ella y ahí vivían su romance.

Todo iba muy bien hasta que un infortunado día, el padre de Carmen los encontró juntos y vio como Luis sostenía la mano de ella después de haberle puesto agua bendita. Por obvias razones, esto hizo que el señor se enojara y encerrara de nuevo a su hija amenazándola con enviarla a un convento en España para luego casarla con un viejo rico que le daría mucha más fortuna.

Carmen, dispuesta a evitar a toda costa el castigo de su padre, le pidió a Brígida que le entregara a Luis una carta en donde le explicaba la situación y él, con toda la desesperación del mundo, enseguida se dispuso a buscar una solución para que pudiera estar con su amada.

Un buen día Luis vio la oportunidad perfecta, pues se percató de un balcón que estaba justo enfrente del cuarto de Carmen y del que con tan solo estrechar un poco los brazos podría tocar a la persona que estuviera enfrente. Sin pensarlo mucho, Luis encontró al dueño de la casa y con sus ahorros en mano, la compró a un precio mucho más alto del que esperaba, pero sin duda él sabía que valía la pena.

Así, a escondidas del padre de Carmen y cada uno desde su balcón, pasaban largas noches bajo la luz de la luna hablando y jurándose amor eterno mientras sellaban su promesa con un dulce y apasionado beso. Sin embargo, esta felicidad no duraría para siempre, pues una noche el papá de ella escuchó murmuros en la habitación y aunque Brígida trató de evitar que entrara, no lo logró.

Enfurecido, clavó una daga en el pecho de su hija para quitarle la vida y Luis simplemente no pudo evitarlo. Lo único que hizo fue darle un beso a las manos de su amada mientras veía como quedaba más fría y pálida.

La tristeza y el dolor invadieron a Luis y al ver que no podría soportar vivir sin Carmen a su lado, se suicidó tirándose desde lo más alto de la mina de La Valenciana.

Hoy en día quienes viven en los alrededores, aseguran que en las noches, las almas de ambos jóvenes regresan a los balcones del Callejón del Beso para vivir el amor eterno que un día se juraron.

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