Hacer turismo en un país que no existe o la nostalgia por Yugoslavia

Un Yugo, el coche de producción yugoslava que fue el rey de las carreteras del país comunista en la década de 1980.- EFE
Uno de los edificios del bloque residencial 23, construido en los años 70.-EFE
Fotografía hecha con efecto diorama o miniatura tilt-shift muestra una vista general del conjunto de bloque residenciales 23.-EFE
Vista del salón del hostal "Yugodom", en Belgrado, Serbia.-EFE
El fundador de la agencia de turismo Yugotour y diseñador, Mario Milakovic.-EFE
Uno de los muebles de época que decoran el hostal "Yugodom", en Belgrado, Serbia.-EFE
Vista contrapicada de la Torre Genex, en Belgrado, Serbia.-EFE
Vista de la Torre Genex, en Belgrado, Serbia.-EFE

 

Un viaje nostálgico a un tiempo que se fue y a un país que ya ni siquiera existe es la oferta que plantea Yugotour: conocer cómo fue la Yugoslavia socialista a través de los edificios, los objetos y hasta los vehículos que marcaron una época.

La República Federativa Socialista de Yugoslavia dejó de existir oficialmente en abril de 1992, cuando se fragmentó en mitad de varios conflictos bélicos en Bosnia, Croacia, Macedonia, Eslovenia y la República Federal de Yugoslavia que, a su vez, se dividió en Serbia y Montenegro en 2006.

Pese al baño de sangre en el que acabó, el país sigue despertando curiosidad y fascinación entre muchos visitantes extranjeros, un interés que explotan agencias especializadas como Yugotour.

«Tenemos bastantes visitantes de casi todo el mundo, sobre todo de Europa Occidental», cuenta a Efe Nebosja Hinic, uno de los guías de una agencia que recibe unos 5.000 turistas al año.

Visitantes que recorren la ciudad en el Yugo, el coche de producción yugoslava que fue el rey de las carreteras del país comunista en la década de 1980.

Uno de esos turistas es el inglés Josh Newsome, que visita Belgrado por su interés en la historia y la arquitectura del país.

«Lo fascinante de Yugoslavia es que fue un país no alineado. Para nosotros es interesante encontrar diferentes experiencias de la gente que vivía aquí, que diseñaba los edificios, la ciudad, ver cuál era la estrategia del Gobierno», explica Newsome.

Para este inglés de 27 años, es de especial interés comparar la forma de vida no solo con Europa Occidental, sino con otros países socialistas de Europa del Este bajo la órbita de la Unión Soviética.

Pese a ser un país socialista, Yugoslavia quedó al otro lado del llamado Telón de Acero, no fue parte del Pacto de Varsovia y se mantuvo más cerca, y más abierta, a Occidente.
Bajo el liderazgo del dictador Josip Broz Tito, fallecido en 1980 tras 35 años en el poder, desarrolló un exitoso modelo económico y social propio.

Una de las atracciones turísticas es la arquitectura brutalista, caracterizada por la robustez, la funcionalidad e, incluso, la fealdad de los edificios en los que el hormigón es el material predominante.

Nueva Belgrado, la parte moderna de la ciudad construida tras la II Guerra Mundial, es un claro ejemplo de un estilo que fue un símbolo de la rápida modernización y el entusiasmo desarrollista.

«Los pisos eran muy funcionales. Se prestaba mucha atención a las zonas verdes en los edificios, y no hay duda de que la arquitectura estaba muy centrada en la persona como individuo, pero también como parte de la comunidad», dice Hinic.

Las dos torres de 135 metros del edificio Genex, llamado así por la empresa que financió su construcción en 1980, son uno de los ejemplos de la prosperidad que alcanzó el país.
Ahora, las oficinas están vacías tras la quiebra del antiguo consorcio, y los alrededores del edificio están descuidados.

«Debemos tratar de preservar lo más posible la historia moderna. Creo que si dejamos que esos restos se desmoronen, los lamentaremos en el futuro», opina Newsome.

En el centro de Belgrado, el museo Yugodom (Yugohogar), ofrece al visitante la posibilidad de viajar al pasado a través del mueble y otros objetos de la vida cotidiana.

«Todos los objetos son hechos en Yugoslavia», declara a Efe el diseñador Mario Milakovic, fundador de Yugodom.

«El edificio es del realismo socialista, y el diseño interior es lo que llamamos modernismo», cuenta sobre este edificio de finales de la década de 1950, en el que se exponen objetos de entre 1960 a 1980.

Aquí pueden verse los sofás, vitrinas, butacas, televisores, aparatos de radio, teléfonos, carteles de películas, lámparas, ceniceros, relojes o platos que usaban los yugoslavos.
La nostalgia por una época que muchos serbios recuerdan como los buenos viejos tiempos se manifiesta en el resultado de una encuesta realizada el año pasado, según la cual, la mayoría de los serbios votaría hoy por Tito si se presentara a una elecciones.
«La gente entiende que Yugoslavia era un Estado, con mayúscula», explica Danilo Sarenac, del Instituto de Historia Contemporánea.

«Pese a los defectos, sobre todo en la esfera de libertades políticas, está claro que existía un sistema ordenado, con normas claras. Algo que hace falta ahora a los ciudadanos», considera.

Sarenac recuerda también que la economía de la Yugoslavia socialista alcanzó niveles cercanos a los de los países desarrollados, y muy por encima de los actuales en Serbia.- Con información de EFE

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