Salones elegantes y hoteles llenos de mesas de juego forjaron gran parte de la identidad turística mexicana en una época irrepetible. Ciudades fronterizas como Tijuana atrajeron a turistas y a estrellas de Hollywood durante los años veinte y treinta, cuando la Ley Seca impulsaba a miles a cruzar a Ciudad Juárez en busca de entretenimiento prohibido en casa. Ese tramo de auge y lujo urbano y turístico duró poco, pero dejó una huella que todavía se nota en la arquitectura, las historias locales y el imaginario del ocio mexicano.
Uno de los símbolos más reconocibles de aquellos salones era el sonido metálico de las tragamonedas clásicas, que compartían protagonismo con la ruleta, los dados y las mesas de cartas. Esa mezcla de juegos marca el punto de partida de esta historia: del esplendor de los casinos icónicos de México al juego que hoy cabe en un smartphone, un camino que arranca en los salones del Porfiriato y llega hasta la pantalla de cualquier teléfono
De los salones del Porfiriato al esplendor de Agua Caliente
Los primeros casinos modernos surgieron a comienzos del siglo veinte, durante la presidencia de Porfirio Díaz, y se concentraron en la capital y en ciudades fronterizas que recibían visitantes extranjeros. El caso más recordado es el Casino de Agua Caliente, inaugurado en 1928 cerca de Tijuana, diseñado con jardines, aeropuerto propio, bungalós y minaretes, y convertido en punto de encuentro para figuras como Charles Chaplin y Rita Hayworth. El auge coincidió con la Ley Seca en Estados Unidos, que empujaba a miles de turistas a cruzar la frontera en busca de un entretenimiento legal.
La prohibición que cambió el mapa del juego
El esplendor duró poco, porque el gobierno decidió cerrar la puerta a este tipo de entretenimiento.
A mediados de la década de 1930, el presidente Lázaro Cárdenas ordenó por decreto la abolición de los casinos en el país, argumentando que representaban una puerta de entrada al vicio y a la intervención de mafias extranjeras. La prohibición se mantuvo casi una década, hasta que en 1947 el presidente Miguel Alemán Valdés promulgó la Ley Federal de Juegos y Sorteos, norma que otorga a la Secretaría de Gobernación la facultad de autorizar, controlar y vigilar todo lo relacionado con juegos, sorteos y apuestas, y que sigue vigente hasta hoy.

El renacimiento regulado: casinos y apuestas en México hoy
Décadas después, el sector volvió a crecer bajo un marco legal más claro, aunque limitado a ciertos juegos. Dentro de los establecimientos autorizados solo se permiten ruleta, dados, cartas y tragamonedas, siempre bajo permiso de la Secretaría de Gobernación, estructura que hoy se extiende, de forma adaptada, a las plataformas de apuestas que operan a distancia en el país.
El casino como imán turístico, de Las Vegas a la Riviera Maya
La combinación de juego y turismo no es exclusiva de México: ciudades como Las Vegas, Macao o Montecarlo construyeron su marca alrededor del juego, igual que México durante su época dorada. Para quienes hoy planean una escapada por el país, conviene revisar antes qué hoteles y destinos conviene según la temporada del año, ya que el clima y la oferta cultural varían de región en región.
Tijuana, testigo de aquella época dorada
De todos los destinos ligados a esta historia, Tijuana conserva el vínculo más directo con el pasado. La zona donde funcionó el antiguo Agua Caliente todavía puede visitarse, y la ciudad combina esa memoria con una escena gastronómica y cultural que atrae a un turismo distinto al de hace un siglo, más orientado a la comida, el vino de Valle de Guadalupe y el arte urbano que al juego mismo.
La Riviera Maya, el otro extremo del mapa
Del lado opuesto del país, la Riviera Maya representa la versión contemporánea de ese mismo imán turístico: playas, resorts y una infraestructura pensada para recibir visitantes de todo el mundo, sin depender de casinos para atraer al viajero. Cancún, Playa del Carmen y Tulum ofrecen la clase de oferta que hoy compite con destinos como Las Vegas o Macao, aunque desde una propuesta centrada en la naturaleza y el descanso.
Del salón con minaretes de Agua Caliente a las playas del Caribe mexicano, el país conserva su historia, buen clima y ganas de recibir a viajeros nuevos otra vez.