
Las Leyendas de Yucatán están más vivas que nunca y se siguen contando de generación en generación. Algunas de esas leyendas cortas tienen un toca tétrico y otras forman parte del amor, la naturaleza o el bien y el mal.
Algunas pertenecen a leyendas ancestrales que tratan de explicar la cosmovisión maya o también la manera en que representaban el bien y el mal, la muerte y la vida, la naturaleza y el poder incomprensible de los dioses.
Desde la Xtabay, hasta los aluxes, en el sureste mexicano tenemos una rica cantidad de historias narradas con las que podemos no sólo entreternos y sentir cierto tipo desconcierto, sino también de orgullo, pues al final son parte de la tradición y la cultura.
5 Leyendas cortas de Yucatán

El enano de Uxmal
En la aldea de Kabán vivía una vieja con fama de bruja. Cierta vez encontró un huevo pequeñito y llena de alegría lo guardó en un sitio tibio y oscuro. Todos los días lo sacaba para contemplarlo y acariciarlo. Y sucedió que después de varias semanas, el huevo se abrió y nació un niño. La bruja lo arrulló, pero como no podía alimentarlo buscó una mujer recién parida. Vino la mujer y amamantó al niño como si fuera su propio hijo. Al ver tanta ternura la bruja le dijo:
— De hoy en adelante tú serás la madre y yo seré la abuela.
El niño creció un palmo y no más y, en poco tiempo, cambió de aspecto; tuvo barba y se le hizo grande la nariz. Era, pues, un enano.
Cuando la bruja se dio cuenta de esto, quiso más a la criatura.
Como la mayor parte del tiempo la bruja permanecía junto al fogón, el enano sospechó que algún misterio guardaba aquel sitio y así se propuso averiguarlo. En un descuido de la bruja, hurgó en la cenizas y tropezó con un tunkul (instrumento de percusión hecho con un tronco hueco). En cuanto lo tuvo en sus manos, lo golpeó y su sonido se oyó a mucha distancia. Al oír tal ruido, la bruja vino, se acercó a su nieto y le dijo:
— Lo que has hecho ya no tiene remedio. Pero te digo que no pasará mucho tiempo sin que sucedan cosas que llenarán de espanto a la gente y tú mismo te verás envuelto en sus consecuencias.
El enano contestó:
— Yo no soy viejo y las veré.
La bruja replicó:
— Yo soy vieja y las veré también.
El rey de Uxmal y sus consejeros sabían que el ruido de aquel tunkul anunciaba el fin del reinado; pero éstos, por no afligir a su señor, le dijeron:
— Lucha contra tu destino
— ¿Cómo? —preguntó el rey.
— Busca al que tocó el tunkul; acaso de sus labios oigas la verdad que necesitas.
El rey ordenó que sus guardias salieran en busca del que tocó el tunkul; y después de mucho andar, lo hallaron y lo trajeron al palacio. Al ver al enano el rey le dijo:
— ¿Qué anuncia el ruido de ese tunkul?
— Tú lo sabes mejor que yo —contestó el enano.
— ¿Me puedo librar de que se cumpla la profecía? — pregunto el rey.
— Manda hacer un camino que vaya de Uxmal a Kabán y cuando esté listo volveré y entonces te daré mi respuesta —dijo el enano.
El camino quedó hecho en poco tiempo y por él vinieron el enano y la bruja. Entonces el rey preguntó al enano:
— ¿Cuál es tu respuesta?
— La sabrás si resistes la prueba que te pondré.
— ¿Cuál es?
— Que en tu cabeza y la mía se rompa un cocoyol (fruto de hueso muy duro).
— Está bien, pero tú sufrirás la primera prueba —dijo el rey
— Acepto, si así lo deseas.
Se acercó el verdugo y colocó sobre la cabeza del enano un cocoyol y descargó un golpe . El enano sacudió la melena y se levantó sonriendo. Entonces el rey, en el silencio, se quitó el manto y subió al cadalso y el verdugo le colocó un cocoyol en la cabeza. Al primer golpe el rey quedó muerto.
En el acto el enano fue proclamado rey de Uxmal y ese mismo día la bruja lo llamó y le dijo:
— Ya eres rey. Sólo esto esperaba para morir. No me llores porque mi muerte no es cosa de dolor. Cumple con la justicia que aprendiste de mí. Oye el consejo de todos y sigue el mejor. No le tengas miedo a la verdad aunque sea amarga. Sé antes benigno que justo. Destierra de tu corazón la venganza. Acata la voz de los dioses pero no seas sordo a la de los hombres. No desdeñes a los humildes y no te confíes, ciego, en los poderosos.
Por un tiempo el enano siguió los consejos de la bruja y la felicidad se extendió por el reino. Pero con los años cambió de espíritu, cometió injusticias, se volvió tirano y tanto creció su orgullo que un día dijo a sus consejeros:
— Haré un dios más poderoso que todos los dioses que nos rigen.
Y en seguida mandó hacer una estatua de barro y la puso sobre una hoguera y con el fuego se endureció y vibró como si fuera campana.
Entonces el pueblo creyó que la estatua hablaba y la adoró. Por esta herejía, los dioses destruyeron Uxmal.
El perro Kaskabal
Kakasbal: Mala cosa. Ente maligno de gran estatura, con muchos pies y brazos, muy peludo, que en ciertas noches vagaba por los campos destrozando plantas y animales, devorando hombres y bebiendo sangre de niños.
Un hombre era tan pobre que siempre estaba de mal humor y así no perdía la ocasión de maltratar a un infeliz perro que tenía. Kakasbal que está en todo, vio que podía sacar partido de la inquina que seguramente el perro sentía contra su amo y así se le apareció y le dijo:
– Ven acá y dime qué te pasa, pues te veo triste.
– Cómo no he de estarlo?, si mi amo me pega cada vez que quiere- respondió el perro.
– Yo sé que es de malos sentimientos. ¿Porqué no lo abandonas?.
– Es mi amo y debo serle fiel.
– Yo podría ayudarte a escapar.
– Por nada lo dejaré.
– Nunca agradecerá tu fidelidad.
– No importa, le seré fiel.
Pero tanto insistió Kakasbal que el perro, por quitárselo de encima, le dijo:
– Creo que me has convencido; ¿dime qué debo hacer?
– Entrégame tu alma.
– ¿y qué me darás en cambio?
– Lo que quieras.
– Dame un hueso por cada pelo de mi cuerpo.
– Acepto.
– Cuenta, pues…
Y Kakasbal se puso a contar los pelos del perro; pero cuando sus dedos llegaban a la cola, éste se acordó de la fidelidad que debía a su amo y pegó un salto y la cuenta se perdió.
– ¿porqué te mueves?- le preguntó Kakasbal.
– No puedo con las pulgas que me comen día y noche. Vuelve a empezar.
Cien veces Kakasbal empezó la cuenta y cien veces tuvo que interrumpirla porque el perro saltaba.
Al fin Kakasbal dijo:
– No cuento más. Me has engañado; pero me has dado una lección. Ahora sé que es más fácil comprar el alma de un hombre que el alma de un perro.
Leyendas tomadas de: Méridagob.mx
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El colibrí maya
Esta leyenda maya cuenta que un día en que los Dioses estaban formando en barro a todos los animales e insectos de la tierra. De pronto se les acabo el material y decidieron seguir con una piedra de jade, moldearon una pequeña y fina flecha, le dieron vida y al instante salió volando, así se formo el colibrí.
Era bello en todos los sentidos, el sol hacia que sus plumas brillaran, pero el hombre lo quiso atrapar y los Dioses se enojaron diciendo que si alguien lo atrapaba, entonces el colibrí moriría.
Desde entonces nunca nadie se atrevió a intentarlo, solamente se les deja volar tranquilamente y hacer su trabajo en paz, dejando a los hombres admirar su belleza y rapidez.

El hombre que vendió su alma
Esta leyenda habla de un hombre que pensó en vender su alma. Para eso invoco al demonio Kizín y le dijo que le iba a entregar su alma a cambio de obtener 7 deseos, uno para cada día de la semana antes de irse, como el siempre había sido un buen hombre el diablo acepto.
Su primer deseo era dinero, el segundo era salud, al tercer día fue poder, el cuarto quería comida, el quinto deseo fue viajar, el sexto día pidió mujeres y el séptimo, cuando ya solo le quedaba un deseo, le dijo a Kizín que quería que lavara unos frijoles negros hasta que se pusieran blancos, comenzó a hacerlo, pero los frijoles nunca cambiaron de color, es por eso que desde ahí para que no vuelva a suceder esto existen frijoles negros, blancos, rojos y amarillos.
La leyenda de Dziú y el maíz
Una vez el Dios del agua quiso junto con el Dios del fuego incendiar todos los cultivos que había para que todo volviera a crecer desde cero y las tierras volvieran a ser fértiles, pero antes le pidieron a las aves que recojan una parte de cada cultivo para volver a plantarlo después.
Así lo hicieron todas las aves, pero Dziú solo junto algunas y se echo a dormir, cuando el incendio comenzó se dio cuenta que ya estaban acabando por completo con el maíz y arriesgando su vida se tira para poder salvar la plantación, sus ojos quedaron rojos y con las plumas todas quemadas, el Dios en modo de reconocimiento determino que de ahí en mas, todos los Dziú tendrían ojos rojos y las alas con el color de las cenizas.
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